Criaturas

Unicornios: (Diosa: Irial)



+ Introducción

Los unicornios no son simples caballos con un cuerno. Los unicornios son, probablemente, las criaturas más extraordinarias de Idhún ya que los dioses les encomendaron la tarea de hacer que la energía fluya y no se estanque. Por eso entregan la magia a las personas. Pero por esa misma razón, porque la energía debe fluir y no estar totalmente en posesión de los mortales, los unicornios no pueden entregarla a todo el mundo. No pueden dejarse ver por cualquiera, y eso los ha convertido en criaturas esquivas y misteriosas.


+ Físico


Majestuosas criaturas con el aspecto de un grácil caballo con un poderoso cuerno en espiral sobre la frente de un color tan blanco que parece desafiar a las mismas tinieblas. Su piel parece emitir un suave resplandor perlino y sus crines plateadas, como rayos de luna, se deslizan sobre su delicado cuello como hilos de seda. Cualquiera que tenga la suerte de contemplar a uno diría que se mueven con una gracia sobrenatural y que sus cascos parecen flotar sobre el suelo.

Como híbrido de unicornio, las características físicas son las mismas que las de la raza a la cual pertenezcan. Sin embargo, sus ojos emiten una potente y sugestiva luminosidad, especialmente sensible hacia los feéricos, los dragones y los shek.


+ Psicología

Por naturaleza son seres misteriosos y huidizos, ya que no se dejan ver por cualquiera y, por tanto, no se conoce demasiado bien su forma de interactuar con los demás.

Los unicornios son criaturas racionales, que piensan incluso a un nivel superior al de los humanos. También hablan el idhunaico más puro, el más primitivo que se conserva en Idhún. Lo que ocurre es que al ser seres tan esquivos, su modo de pensar y de vivir resultaba un misterio para el resto de las criaturas.

Los dragones y los sheks sí los conocen bien. Los unicornios se relacionan con unos y con otros; en primer lugar, porque las tres especies están al mismo nivel en cuanto a inteligencia y complejidad. Y en segundo lugar, porque los unicornios pueden sentirse seguros tanto con dragones como con sheks. Unos y otros respetan profundamente la misión que se les había encomendado; saben que la simple existencia de los unicornioses vital para la supervivencia de Idhún como mundo, y jamás se les ha ocurrido ir a la caza de un unicornio para arrebatarle la magia, como hacen otras criaturas. Por otro lado, los unicornios son la única especie a su nivel con la que unos y otros podían relacionarse de forma amistosa, algo que resulta completamente imposible entre dragones y sheks.

+ Hábitat de los unicornios
Los unicornios viven, en su mayoría, en el inmenso bosque de Alis Lithban, cuyo nombre significa, literalmente, "Sagrado Bosque de los Unicornios". Debido a la presencia de los unicornios, Alis Lithban llegó a convertirse en el lugar más mágico de todo Idhún, y a principios de la Cuarta Era, la Orden Mágica quiso construir allí su cuarta torre por esta razón, lo cual desencadenó uno de los conflictos más largos entre magos y sacerdotes. 

Pero son criaturas viajeras por naturaleza, y suelen pasar gran parte de su vida desplazándose de un lado a otro, por las lindes de las arboledas y a la sombra de los aleros de las casas, silenciosos como sombras.

Su condición de canalizadores, sin embargo, los hace depender de la energía vital que se mueve a su alrededor. Y por eso hay lugares donde un unicornio no sobreviviría, como, por ejemplo, el desierto de Kash-Tar o las heladas estepas de Nanhai. Una cárcel de piedra o de metal bastaría para matarlos lentamente y de un modo agónico y espantoso.

Eso, en el improbable caso de que alguien lograra atrapar alguno…



Dragones: (Dios Aldun)

+ Introducción


Los dragones han sido los auténticos señores de Idhún durante mucho tiempo. Temidos, admirados y respetados por todos los sangrecaliente, los dragones eran los protectores de un mundo rendido a su poder, majestuosidad y sabiduría.

Sin embargo, los Señores de Awinor eran, ante todo, guerreros. Creados para luchar contra los sheks y expulsarlos de Idhún, no había ningún otro sentimiento capaz de superar la fuerza de su odio hacia las serpientes, contra las que pelearon incansablemente durante milenios.


+ Físico

Los dragones son criaturas reptileas aladas, capaces de exhalar fuego por la boca. Fueron creados por los Seis para luchar contra los sheks, razón por la que sienten un odio irracional hacia ellos. Originalmente fueron creados para destruir a las reencarnaciones del Séptimo. Pueden alcanzar varias decenas de metros de longitud y el color de sus escamas varía según el individuo.

Las dragonas, como las sheks, sólo pueden poner huevos una vez en la vida, y sus vidas son muy largas, llegando a alcanzar los quinientos años, en el caso de los individuos más longevos. Unas y otras suelen poner un mínimo de diez huevos y un máximo de veinte, pero son raras las nidadas que alcanzan este número. Además, es fácil que alguna de las crías no logre salir del huevo. Entre unas cosas y otras, una prole de entre quince y dieciocho crías supervivientes ya se considera una nidada extraordinaria.

Los dioses que crearon a una y otra especie tuvieron en cuenta las grandes dimensiones de ambas, y lo que sucedería si se reproducían indiscriminadamente, como hacían otras especies. Los dragones son carnívoros y necesitan grandes cantidades de comida para subsistir. Era importante, por tanto, que el número de dragones y sheks no fuera demasiado elevado, o llegaría un momento en que no habría suficiente comida para sustentarlos; y, aunque los humanos y similares no constituyen un manjar para ellos, quién sabe lo que habrían podido hacer de verse acuciados por el hambre.

Los híbridos de dragón poseen un físico de acuerdo a la raza a la que pertenecen, sin mayores rasgos sobresalientes. Sin embargo, es perceptible que emanan un calor corporal superior al que podría tener cualquier raza, incluida la yan. 


+ Psicología


Los dragones de Idhún no son animales, ni tampoco bestias. Son criaturas pensantes y parlantes, y, aunque los sheks los superan en inteligencia, los dragones tienen fama de ser más sabios. Se dice de los dragones, que son impulsivos e irreflexivos, no trazan un plan y consideran todas sus posibilidades antes de llevarlo a cabo, como hacen sus enemigos ancestrales, los sheks. Los dragones, simplemente, actuan. Y eso les lleva a cometer errores y equivocaciones. Y, precisamente por eso, aprenden: la inteligencia de los sheks es teórica. La sabiduría de los dragones se basa en la experiencia. Dado que no poseen los enlaces mentales de los sheks, sienten la necesidad de estar físicamente juntos, de formar grupos, familias, clanes. Y tienen por costumbre compartir sus experiencias con los demás todas las noches. Los dragones más ancianos hablan, y los jóvenes los escuchan. Los ancianos saben que está en la naturaleza de los jóvenes precipitarse y cometer equivocaciones; pero, con suerte, no cometerían las mismas equivocaciones que sus mayores; cometerían otras y aprenderían de ellas. Y así, la sabiduría de los dragones se hacía más amplia y profunda generación tras generación. Por esta razón, entre los dragones son los ancianos los más respetados, a los que obedecen todos los demás, y los que aconsejan a los jóvenes en la batalla. Un joven shek siempre será más inteligente que un joven dragón. Pero un anciano dragón siempre será más sabio que un anciano shek.

Los dragones fueron creados para luchar contra los sheks y así proteger al resto de criaturas de las serpientes que amenazaban con adueñarse del mundo. Los dragones son, por tanto, una raza de guerreros. Y para que nunca pudieran olvidar su misión ni descansaran hasta que la última serpiente hubiese abandonado Idhún, los dioses imprimieron en su alma un odio visceral hacia sus enemigos. Ese odio instintivo los lleva a combatir ciegamente a los sheks incluso en los momentos en los que lo más sensato es huir o, simplemente, no luchar. Los convirtió en los luchadores más poderosos, porque en la batalla contra las serpientes no conocían el miedo ni el cansancio. Siempre, el odio era más poderoso que cualquier otro sentimiento. Guerreros idhunitas de todos los tiempos han admirado y respetado a los dragones por su valentía y por su fuerza, y han anhelado ser como ellos. Sólo los sheks, que padecen también la enfermedad del odio ancestral, y los propios dragones, saben cuál es el origen de su fuerza. Y los más sabios de ambos bandos eran conscientes de que no era algo de lo que pudieran sentirse orgullosos. Y, sin embargo, dado que los sheks también lo padecían, el odio se convirtió también en una importantísima baza para la supervivencia de la especie. De hecho, un dicho entre los dragones afirmaba que todo dragón tiene seis armas para luchar contra los sheks: el fuego, las garras, los dientes, los cuernos y las escamas… y la sexta, la más poderosa de todas, es el odio.



Sheks (Dios: El Séptimo)




+ Introducción

Los sheks, las gigantescas serpientes aladas, son, quizá, los seres más fascinantes y complejos de Idhún. Son poseedores de una profunda y sofisticada inteligencia, muy superior a la humana, no obstante, fueron creados para luchar en una interminable guerra contra los dragones. 


+ Físico

Los sheks son seres con forma de serpiente gigante con grandes alas membranosas, colmillos altamente venenosos y ojos hipnóticos. Son de sangre fría, lo que los diferencia de los sangrecaliente (las otras razas:varu, yan, gigantes, féericos, celestes, dragones, unicornios y humanos), a los que desprecian. Menos a los unicornios.

Los sheks no siempre han tenido nombres. Al principio, no les era necesario para relacionarse entre ellos, puesto que su lenguaje no es articulado, sino telepático, y la información que intercambian no está hecha de palabras, sino de conceptos, imágenes o sensaciones. Así, para identificarse unos a otros utilizaban otros métodos que tenían más que ver con lo que ellos llaman "la huella mental", es decir, la "forma" de la mente de cada uno, que es única e irrepetible, que con lo que entendemos nosotros por "nombre".

El problema vino cuando empezaron a relacionarse con otras especies que se comunicaban de forma oral y no podían detectar esa huella mental. Los szish necesitaban llamar a sus amos de algún modo, y a los sheks, acostumbrados a defender celosamente su individualidad, les molestaba que los hombres-serpiente no encontraran diferencias entre un shek y otro. Por este motivo, para facilitar sus relaciones con otras especies, los sheks empezaron a utilizar nombres, y con el tiempo se acostumbraron a ellos, igual que se acostumbraron a "pensar" con palabras cuando se comunicaban con seres no telépatas. Para ellos, que habían elaborado un sistema de comunicación muchísimo más perfecto y complejo que el lenguaje articulado, dominar las lenguas a nivel mental no supuso ninguna complicación.

Los nombres de los sheks no provienen del idhunaico, sino del lenguaje szish. De ahí que estén plagados de sonidos sibilantes.

Como híbrido de shek, las características físicas son las mismas que las de la raza a la que pertenezcan, salvándose quizás los ojos. Estos adquieren el color del más gélido de los hielos al encontrarse fusionado con su criatura.


+ Psicología

Los sheks tienen una personalidad pragmática, son profundamente prácticos, aman la belleza y son muy inteligentes, fríos y despiadados, siempre que la situación lo exige. Controlan su instinto, aunque la mayoría pierde ese control en las luchas con los dragones, en las cuales dicho instinto los domina casi por completo, jugando por lo general en su contra.


+ Hábitat de los sheks




Los sheks llegaron tarde al reparto del mundo. Éste es uno de los argumentos que esgrimen quienes defienden que los dragones fueron creados antes que los sheks, puesto que éstos no tienen lugar propio en Idhún, y los dragones han ocupado Awinor desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, una antigua leyenda cuenta que la primera gran batalla entre sheks y dragones se produjo, justamente, por el control de Awinor, y que fueron los sheks quienes perdieron en esta ocasión. Aunque justo es decir que la causa de todas las batallas entre unos y otros fue siempre el odio ancestral, y asuntos como la ocupación de un territorio eran sólo la excusa, o la causa aparente. 

El caso es que los sheks nunca han tenido un espacio propio en Idhún, por lo que se han limitado a establecerse en las zonas marginales y poco habitadas o refugiándose en el micromundo interior de Idhún: Umadhun. Pero este no es, y nunca fue, su hábitat natural. Su red telepática les permite vivir muy lejos unos de otros sin necesidad de formar grupos o comunidades, y estar igualmente comunicados con el resto de la especie; de modo que, por su particular forma de relacionarse y por las circunstancias del mundo al que llegaron, los sheks han sido siempre criaturas solitarias.

Los sheks son criaturas adaptables y pueden soportar casi cualquier cosa. No les gusta el calor, pero lo aguantan. También son capaces de permanecer mucho tiempo sin comer ni beber, porque todos sus movimientos están calculados al milímetro, no hacen gestos innecesarios y, por tanto, ahorran mucha energía. 

Pero, si se le da a escoger, un shek elegirá un lugar de clima benigno, de gran belleza natural, y, a ser posible, cerca del mar o de algún gran río. Porque, aunque los sheks comen de todo, les encanta el pescado.


+ Habilidades 

Como Humano:

— La mayor parte de las capacidades de los sheks provienen de su inmenso poder telepático. Así, pueden paralizar a alguien a quien miren a los ojos mientras se mantenga el contacto visual, dejarlo inconsciente si la voluntad de la víctima es inferior en 20 puntos y mantienen el contacto visual durante un turno entero sin interrupciones o incluso matarla si la voluntad difiere en 50 puntos y se mantiene el contacto visual durante dos turnos enteros.

— Sexto sentido. El odio innato que sienten los híbridos de shek les permite sentir un olor, para ellos pestilente, de dragón que les permite conocer su presencia y dónde se encuentra en menos de quinientos metros de distancia. 

— La relación de los sheks con el hielo es también muy estrecha, y así también es para los híbridos de este. Pueden hacer descender la temperatura de su cuerpo muy por debajo del grado de congelación. Es un misterio cómo es posible que su sangre siga siendo fluida aun en esas circunstancias; es posible que contenga algún agente anticongelante, pero esto no ha sido demostrado. Al poder hacer descender su temperatura corporal hasta ese punto, también son capaces de irradiar un frío intenso que congela la humedad del ambiente, transformándola en escarcha y resintiendo los movimientos de cualquier víctima que se encuentre a menos de dos metros de distancia. 

Como shek:

— Transformación. Los híbridos de dragón son capaces de transformarse en su criatura a voluntad a partir del nivel 5, adquiriendo todas las características y habilidades de este en el proceso. A las anteriores habilidades se suman las subsiguientes:

— Los colmillos de los sheks inoculan uno de los venenos más letales del mundo: cualquier afectado por una mordedura de estos seres podría llegar a morir en muy poco tiempo. En algunos casos, y si hay algún mago cerca, se puede contener el veneno para que este no se expanda por todo el cuerpo del afectado, pero acabará necesitando de la extirpación o amputación de la extremidad para poder sanar. Y es que no se ha descubierto aún ningún antídoto que contrarreste la toxicidad de los colmillos de estas serpientes. El único antídoto se encuentra en la saliva de los mismos sheks, por lo que es un bien muy difícil de obtener, o de poner al servicio de los demás, pues estas criaturas consideran tan humillante el lamer las heridas de otros que no se rebajan a ello a no ser que tengan razones específicas para ello.

— Gracias a su afinidad por el hielo, los shek suelen utilizar su aliento escarchado para cubrir heridas con esta sustancia y hacer que así cicatricen más rápidamente gracias a las sustancias especiales cicatrizantes que contienen. Puede utilizarse también sobre otros personajes.


+ Otros datos: la red telepática

La red telepática es más que un sistema de comunicación: es lo que los mantiene unidos como especie incluso en la distancia.

Se trata de un sistema de información compartida. Dicha información circula entre distintas mentes sheks, y puede ser información de todo tipo, desde ideas hasta imágenes o incluso sensaciones. Cualquier cosa que un shek experimenta puede ser enviada a todos los demás a través de la red telepática, aunque la decisión de compartir la información o no depende de cada individuo.

La mente de un shek funciona a varios niveles, desde el común al privado. El nivel común es la información que cada shek decide compartir con todos los demás a través de la red. El nivel particular es el de la información que decide comunicar a determinados individuos a través de la red, pero no a todos. El nivel familiar es el de la información que comparte con sus seres queridos. Y el nivel privado es el nivel que no se comparte con nadie; para una raza de telépatas tan poderosos como ellos, la existencia del nivel privado es vital para que cada shek conserve su propia identidad intacta. Es importante la existencia de estos niveles porque, si toda la información fuese común a las mentes de todos los sheks, éstos desaparecerían como individuos y formarían una sola mente con una sola identidad. En ese sentido, el nivel privado se refuerza mediante la existencia del usshak, el refugio personal de cada shek, que ningún otro invadirá, ni física ni mentalmente, sin ser invitado. Por esta razón, el acto de entrega más íntimo que pueden realizar dos sheks no es una unión carnal, sino la fusión de mentes. Ésta puede o no implicar la invitación al usshak del otro, pero siempre supone la intrusión de otra persona en el nivel mental más importante, el privado: es decir, que implica la entrega total y absoluta de un shek a otro shek. Pueden repetirlo o no en el futuro, pero es raro que vuelvan a hacerlo con otro individuo, aun cuando la pareja llegue a separarse. Porque si un shek fusionara su mente con varios individuos distintos, su nivel privado acabaría por disolverse en el nivel familiar, y se crearía un desequilibrio en su mente que incluso podría llevarlo a tener un trastorno de identidad, o a no saber quién o cómo es él realmente.

Por eso el usshak es tan importante, y por eso el acto de la fusión de mentes es, quizá, el momento más trascendental en la vida de un shek.

Y, por el contrario, aquellos sheks expulsados de la red telepática por algún motivo se encuentran con que no se les permite compartir su información con nadie. Esto implica que un expulsado ya no necesita un usshak, porque no corre peligro de perder su identidad; pero supone, también, que dejará de sentirse parte de la comunidad, como si fuese el último miembro de su especie; aunque sabe que hay más como él, a nivel inconsciente su mente no detecta a más sheks y, por tanto, vivirá el resto de sus días con la conciencia de ser diferente y encontrarse solo. Incluso aunque estableciera contacto con otros sheks expulsados y crearan una red telepática para ellos solos, sería demasiado reducida como para que pudieran sentirse a gusto. Por eso, un shek separado de otros sheks intentará siempre volver a unirse a ellos.


+ Shaksiss

Los sheks son criaturas sumamente frías y racionales, por lo que no suelen creer en mitos que no tengan una base real. Por eso es extraño que la mayoría de ellos sí crean en Shaksiss, la serpiente del corazón del mundo de Idhún, una criatura mítica que, según las leyendas, habitaba en el subsuelo de Idhún, que acogió al Séptimo en su llegada al mundo y le ayudó a crear a los sheks. Tal vez porque el hecho de haber "nacido" de un ser que, de existir realmente, sería uno de los más viejos de Idhún, les daría a los sheks el derecho a quedarse en el mundo que tanto desean conquistar. Si los sheks son descendientes de Shaksiss, nacieron en el corazón de Idhún y no son extranjeros, sino incluso más idhunitas que los dragones, quienes, según las leyendas, descendieron 

volando desde los tres soles.

Sin embargo, no se ha probado la existencia real de Shaksiss.



Yan (Dios: Aldun)


+ Introducción

Los yan son la última raza sangrecaliente y la más sangrecaliente de todas, como suele decirse. 

Cuenta una antigua leyenda que a causa de un error de Aldun, el dios que los creó, están condenados a vivir para siempre en el desierto, a ser siempre los "yan", los últimos. Pero ellos lo llevan con estoicismo y con una gran dosis de orgullo. Son los hijos de Aldun. Son los hijos del fuego. Son los hijos del desierto.

En el pasado, los yan fueron grandes amigos de los dragones. O, mejor dicho, fueron sus sirvientes favoritos. Mucha gente en Idhún admiraba a los dragones y deseaba estar cerca de ellos y verlos con sus propios ojos volando sobre Awinor, pero sólo a los yan se les permitía traspasar las fronteras de la tierra de los dragones, y no a todos ellos.

Los yan estaban orgullosos de su hermandad con los dragones. Ambas especies tenían en común el fuego de Aldun; los yan creían que por este motivo los dragones los preferían sobre todos los demás.

La realidad es que los dragones sabían que pocas criaturas eran capaces de soportar las altas temperaturas de sus cubiles. En las zonas donde se concentraban las cuevas de los dragones hacía un calor inaguantable para cualquiera… Y por eso, en tiempos pasados, si alguien quería contactar con los dragones, debía enviar a un mago de gran nivel o a un yan. Los magos podían envolverse en un hechizo de protección térmica, y los yan eran resistentes al calor por naturaleza. Al resto de visitantes no se les permitía pasar de la Torre de Awinor. Por eso los yan se sentían especialmente favorecidos por los dragones, y solían llamarlos Erekasdi, "Hermanos Mayores".


+ Físico

Son de estatura más baja que los humanos, de ojos rojos como brasas y piel de color tierra; el cabello entre gris y castaño, pasando por toda la gama de los rojos, suelen llevarlo siempre largo y recogido en un peinado de trenzas. Rápidos, apasionados, volubles y poco fiables, tienen mucho en común con el fuego, al que consideran su elemento. Son muy nerviosos e incapaces de quedarse quietos; de hecho, hablan tan deprisa que no separan una palabra de otra y es difícil entenderlos.


+ Psicología

Los yan tienen fama de ser egoístas y desconfiados, y de trabajar sólo para su propio provecho. Y hay mucho de cierto en esta creencia popular, pero no es enteramente culpa suya.

Tradicionalmente, las otras razas han despreciado a los yan por ser "los últimos"; en tiempos pasados existía además una corriente de pensamiento racista que consideraba que los yan eran inferiores a los demás, algo intermedio entre los animales y los seres racionales. Se los llamaba "el error de Aldun", cuya creación más perfecta eran, obviamente, los dragones. Para apoyar esta teoría, sus defensores aludían a su forma de vida errante, a su manera de vestir, descuidada y casi desarrapada, y a su forma de hablar: ni siquiera eran capaces de vocalizar correctamente. Se llegó al punto de que algunos comerciantes desaprensivos secuestraban a jóvenes yan para utilizarlos como esclavos. Llegó un momento en que humanos y mestizos colonizaron el desierto y sometieron a las tribus yan. Éstos tienen fama de no comprometerse ni buscarse problemas, pero en momentos de crisis reaccionan con una violencia inusitada. Esto fue lo que sucedió durante la Revolución Yan. Los habitantes del desierto expulsaron a los extranjeros y recuperaron su hogar y su libertad.

Desde entonces sólo confían en la gente de su propia raza, y no siempre. No muestran el rostro a los desconocidos y no dan nada a cambio de nada. La Revolución Yan les devolvió su orgullo y, aunque actualmente son respetados y reconocidos como una raza con los mismos derechos que las demás, ellos siguen defendiendo su identidad con la misma ferocidad de antaño.


+ Hábitat


Los yan viven en el desierto de Kash-Tar y raras veces salen de él. Dicen las leyendas que, tiempo atrás, Kash-Tar era una tierra rica y fértil, pero que el dios Aldun la abrasó al descender al mundo. Como castigo, los demás dioses obligaron a sus hijos, los yan, a habitar en el lugar que había destruido.

Hoy día, los yan aman el desierto y muy pocos se sienten capaces de abandonarlo. Existen algunas poblaciones yan, de casas bajas y robustas, de planta redondeada y tejados ligeramente cónicos, lo que les da un cierto aspecto de hongo. Pero la mayor parte de los yan son nómadas y se agrupan en tribus que viajan de oasis en oasis sin detenerse mucho tiempo en ningún sitio. Suelen desplazarse a pie o a lomos de torkas, grandes y perezosos lagartos de las arenas.

El desierto de Kash-Tar, con sus impresionantes dunas, sus arenas rosadas y sus exóticos oasis, con lagunas de aguas de profundo color zafiro, es un lugar de misteriosa belleza. Los yan más ancianos suelen sentarse ante sus tiendas para contemplar los atardeceres, y cuando el primero de los soles incendia de rojo las arenas de Kash-Tar, sonríen y se dicen a sí mismos que el castigo divino que los obliga a vivir allí no es, ni mucho menos, tan horrible como la gente piensa.


+ Habilidades

— Resistencia a las altas temperaturas. Tratándose de las creaciones de Aldun y de los "hermanos pequeños" de los dragones, así como viendo el candente hábitat en el que suelen residir, los yan han desarrollado una resistencia natural frente a las altas temperaturas del desierto, desenvolviéndose en ambientes para cualquier otro ser completamente inhabitables con total naturalidad. Del mismo modo, los ataques o la magia ígnea no parece hacer mella alguna sobre sus cuerpos.



Féericos (Diosa: Wina)



+ Introducción

No en vano son hijos de la diosa Wina: habitan los bosques de Idhún y dependen de ellos, ya que su esencia se marchita lejos de estos. Todos los feéricos, desde las dríades hasta los duendes, sienten un profundo amor por los árboles y las plantas y, por ello, rara vez se los verá lejos de su hábitat natural. En general desconfían de los humanos por ser la raza que menos respeta sus territorios, y de los yan por ser adoradores del dios del fuego. Por esta misma razón, aunque respetan a los dragones, como el resto de las razas sangrecaliente, procuran mantenerse lejos de ellos.

Otras razas consideran que su modo de vida es primitivo o atrasado. Sin embargo, los feéricos encuentran todo lo que necesitan en el bosque. El poder que, como hijos de Wina, poseen todos ellos, les permite ayudar a crecer a las plantas y a los árboles, de modo que pueden moldear estos últimos para crear viviendas sólidas y confortables hechas de madera viva, sin necesidad de talar un solo tronco ni cortar una sola rama.

El bosque les ofrece, asimismo, una amplia variedad de alimento, especialmente frutos, bayas y hongos; cualquier tipo de instrumento que puedan necesitar lo construyen con ramas caídas, espinas o corteza de árbol; y, de la misma forma, las plantas les proporcionan remedios a todo tipo de enfermedades.

También es el propio bosque quien proporciona a los feéricos armas para defenderse. Ellos aborrecen el metal y, sin embargo, sus bosques nunca han sido conquistados por ejércitos armados. Los feéricos son feroces guerreros que defienden su territorio con toda clase de armas procedentes del mundo vegetal, y tremendamente efectivas.


+ Físico


Los feéricos es una de las razas con más variedad física existente en el mundo. Por lo general, suelen tener el tamaño de un humano adulto, aunque también existen feéricos pequeños como libélulas que lucen hermosas alas de insecto a su espalda. Sus ojos son totalmente negros, grandes y rasgados y su piel y sus cabellos adoptan tonos verdosos o pardos que los mimetizan con su entorno natural: los bosques. Estos se asemejan a brotes de hierba, cúmulos de hojas tiernas o ramas de árboles jóvenes. Sus pieles son de tonos verdes como las hojas o castaños y pardos como la corteza de los árboles.

Al no tener sentido del pudor, en el bosque van siempre desnudos; aunque cuando salen de su hábitat o tratan con individuos de otras razas, por consideración hacia ellos cubren sus cuerpos con trajes hechos con hojas, flores y plantas. 

Los silfos, feéricos macho del tamaño de un adulto, poseen alas que les permiten elevarse hasta las copas más altas, a diferencia de las hadas mayores, que carecen de ellas. Sin embargo, son éstas las que tienen mayor habilidad para escuchar la voz de Wina y cuidar de las plantas, por lo que son más respetadas que los silfos.

+ Psicología


Ya que los feéricos son hijos de Wina, la diosa de la fertilidad, de los nacimientos, la dadora de vida; el instinto reproductor es más intenso en los feéricos que en el resto de razas, y por ello las hadas tienen fama de ser "ligeras de cascos". Pero las relaciones sexuales no son para los feéricos algo sucio ni vergonzoso, sino una forma natural de relación entre los individuos, y la mayor parte de las veces no tienen para ellos ninguna carga emocional. 

Debido a su actitud abierta hacia las relaciones sexuales, en el albor de los tiempos la raza de los feéricos se multiplicó de manera alarmante, y fueron ellos mismos los que, por necesidad, inventaron el anticonceptivo más eficaz que se conoce en Idhún, y que actualmente forma parte del desayuno diario de mujeres idhunitas de todas las razas y condiciones: la infusión de flor de qilalat, que impide que una mujer se quede encinta mientras lo tome de forma regular.

Con todo, las hadas veneran los nacimientos y para ellas cada nueva vida es algo sagrado; por lo que no interrumpirán un embarazo una vez iniciado, pero no tendrán reparos en impedir que éste se produzca, si no se sienten preparadas o no han dado con la persona adecuada. Por eso siempre llevan consigo un saquito de flores de qilalat para su infusión matinal.

Los feéricos no tienen gobernantes ni más ley que la de respetar la naturaleza. Sin embargo, en la práctica tiene más peso la voz de los feéricos de mayor tamaño, aquellos cuya altura y constitución son similares a las de los humanos. Viven mucho más tiempo que los demás, son más sabios y su aspecto les permite viajar y conocer mundo, al contrario que los feéricos de pequeño tamaño, que no suelen abandonar nunca los bosques donde nacen. Incluso dentro de este grupo de "feéricos mayores", son las hadas femeninas las que llevan la voz cantante, por encima de los silfos, o hadas macho.


+ Hábitat de los feéricos

Dada su estrecha relación con el mundo vegetal, los feéricos viven en los grandes bosques de Idhún, en especial el bosque de Awa y el bosque de Alis Lithban.

También es posible encontrar feéricos en cualquier parte de Idhún, siempre que tengan cerca un bosque o un jardín donde su esencia pueda sentirse a gusto. Por tanto, eso excluye zonas como las tierras heladas de Nanhai, el desierto de Kash-Tar o el Reino Oceánico. Un feérico lejos del bosque es como una planta arrancada de la tierra: no tarda en marchitarse y morir.


+ Habilidades

— Muchos feéricos no dudan en utilizar su influjo sobre otros los miembros del sexo contrario de otras razas para hechizarlos y seducirlos, como si de sirenas se trataran. Así, emanan un aura extremadamente atrayente que los hombres o mujeres que la perciben son incapaces de resistir. 



Varu (Diosa: Neliam)



+ Introducción

Los Varu adoran a la diosa Deliam. Para comunicarse poseen una forma de telepatía con la que son capaces de interrelacionarse con la parte superficial de la mente de sus interlocutores. En algunos casos llegan a desarrollar su poder telepático hasta poder atisbar limitadamente retazos de información de niveles más profundos de las mentes ajenas.

+Fisico


Pese tener la apariencia de anfibios antropomorfos, los varu son mamíferos vivíparos.
Su piel está cubierta de escamas y sus extremidades son alargadas y palmeadas, con membranas entre los dedos. Poseen branquias en lugar de orejas, sus ojos y labios son más grandes que los humanos y su pelo es semejante a algas.
Son criaturas acuáticas, por lo que se les secan las escamas, se les cuartea la piel y se les obstruyen las branquias si permanecen mucho tiempo fuera del agua, aunque pueden respirar tanto dentro como fuera de esta. Tienen la capacidad de emitir ultrasonidos con los que guiarse bajo al bucear, pero no cuerdas vocales, poco eficaces bajo el agua.

+Hábitat

La mayoría vive en ciudades bajo el agua, pero también se les puede encontrar en la mayor parte de las lagunas y ríos del continente, como la comunidad existente en los Ojos de Neliam. En las islas son más frecuentes los semivaru.


+Historia y Costumbres



Los varu tuvieron un primer contacto muy tardío con el resto de razas, que se produjo cuando los humanos inventaron la navegación y colonizaron las islas. En ellas comenzaron a conocerse y pronto grupos varu visitaron el continente y se instalaron en él.
Pese a estas buenas relaciones, cuando los humanos capturaron y amaestraron tekteks para utilizarlos en sus barcos en condiciones insalubres, los varu atacaron los barcos y liberaron a los animales. Esto enemistó a ambas razas hasta la reunión entre sus líderes, el rey Bildu de los varu y el capitán Fardek de los marineros de Puerto Esmeralda, en la que se acordó que cada tektek amaestrado estaría a cargo de un varu. De esta manera la capacidad de navegación y las relaciones con los varu se incrementaron. Surgió una gran amistad entre ambos líderes, que juntos desarrollaron la forma de permitir a los habitantes de la superficie descendieran a las profundidades marinas dentro de las burbujas de las malparsas. Fardek murió mientras experimentaban con el método, lo que traumatizó a Bildu, quien tras murió sumido en la desesperación y sin descendencia. Tras su muerte, elReino Oceánico se dividió y quedó dividido en un conjunto de ciudades gobernadas por las principales familia nobiliarias.
Se diferencian en muchísimos aspectos de las razas terrestres, a las que denominan pielseca. Quienes más se asemejan culturalmente a ellos constituyen la subraza varu que habita en las aguas continentales, que también se diferencia de los habitantes del mar físicamente, pues un varu de agua dulce es más pequeño, de una tonalidad cutánea más calida y un cabello más claro.
En un principio los matrimonios varu se producían por razones políticas, pero el contacto con los pielseca trajo consigo la revolución celeste. Tras un arduo período de confusión, se estableció la costumbre de la Fiesta de los Lazos, un acontecimiento celebrado tres veces al año, durante los plenilunios de Erea, en el Oráculo de Gantadd, donde una sacerdotisa celeste bendice masivamente los lazos de unión entre las parejas varu.
Las varu dan a luz a un solo vástago cada vez tras doce meses de gestación, y después los amamantan mientras que los neonatos permanecen aferrados a sus madres. En la antigüedad los bebés más débiles solían soltarse y extraviarse, aunque posteriormente cada vez menos madres lo permitieron y los ataron a su cuerpo. Cada varu posee un conjunto de correas con las que sujetar cualquier cosa atadándola a la espalda, dejándole las manos libres para nadar bajo el agua.
Cultivan algas para alimentarse ya que, aunque les agrada el pescado, no pueden comerlo en grandes cantidades sin provocar su extinción. Por eso nunca cazan animales si no es para sustentarse y a algunos, como los lamus, llegan a amaestrarlos.
Los Varu adoran a la diosa Neliam, diosa del mar.



Celestes (Dios: Yohavir)


+ Introducción

Adoran a Yohavir, el dios del aire y del viento, de la comunicación y de la comprensión. Por eso no es de extrañar que entre sus capacidades se encuentre la levitación, y que tengan cierta debilidad por las aves, especialmente por los enormes y bellísimos pájaros haai, que utilizan como montura y a los que cuidan con gran mimo. 

Hay quien opina que los celestes son una raza más evolucionada que el resto de los sangrecaliente, pero ellos siempre han negado tal cosa y son incapaces de considerarse por encima de los demás. De nuevo, su empatía les lleva a identificarse con todos aquellos con los que se relacionan, aunque esas personas sean brutas e insensibles en comparación con ellos.


+ Físico

Los celestes son seres con forma humanoide, llamados así por la extraña coloración de su piel, esbelta figura y apariencia frágil y carentes de cabello o vello en su cuerpo aparte de las cejas y las pestañas.


+ Psicología

Son la raza más pacífica de Idhún, lo cual se debe a su cualidad más peculiar, la empatía, que les permite conocer los sentimientos y el estado de ánimo de las otros seres, comprenderlas y aceptarlas tal y como son. Dado que su capacidad empática se extiende también a los animales, son incapaces también de matar a ninguno de ellos, por lo que son vegetarianos. Todas las familias celestes tienen su propio huerto, que cultivan con esmero.


+ Hábitat 


Los celestes viven en Celestia, una amplia región en el centro del continente. Es una gran llanura que se extiende entre dos sistemas montañosos. Quizá su rasgo paisajístico más notable son las formaciones rocosas, con forma de elevadas agujas de hasta varios metros de altura, que se alzan en determinadas zonas, sobre todo hacia el sur de la región, y en cuya cima los pájaros haai suelen construir sus nidos.

Las ciudades de los celestes destacan por su arquitectura grácil y ligera, con altos arcos, cúpulas blancas, amplias avenidas, edificios de formas redondeadas y altísimas y esbeltas torres-mirador, diseminadas por doquier. 

La ciudad más grande es Rhyrr, la capital. Le sigue en importancia Haai-Sil, la ciudad de los criadores de pájaros, que tiene la peculiaridad de estar construida bajo centenares de nidos de haai. Y, por último, Kelesban, cuyo nombre significa, literalmente "Bosque Celeste", una ciudad construida en plena floresta. Las ciudades celestes son gobernadas por un Alcalde designado por un consejo de Ancianos.


+ Habilidades

— La más notable es, sin duda, la empatía. Los celestes captan los sentimientos de los demás; pueden ver con claridad las relaciones entre personas, que ellos definen como "lazos" que las unen, y que para los celestes son tan evidentes como el tono de voz o el color de los ojos. Por esta razón, en Idhún son los sacerdotes celestes los que llevan a cabo los ritos de unión entre las parejas. Los celestes opinan que esos lazos no se crean artificialmente, sino que nacen del corazón de las personas, y por tanto sólo pueden bendecir la unión de dos personas entre las que ya existe un lazo de amor; es decir, entre aquellos que se aman de verdad. Estos lazos son visualizados por los celestes como si fueran lazos de energía que unen a las diferentes personas, tanto para bien o para mal. Así, pueden distinguir sentimientos de amor o amistad y si es mutuo si se trata de un lazo doble que parte de ambos miembros de la pareja. Según las diferentes tonalidades de los cordones pueden diferenciarse los sentimientos: los colores más vivos como rojo o amarillo indican ira, odio. Las tonalidades más suaves indican sentimientos más positivos, como cariño, amor o amistad.



Gigantes (Dios: Karevan)



+Introducción

Los gigantes rinden culto a Karevan, dios de la roca y la materia inerte, pero no lo hacen de manera activa, sino considerándolo un padre protector. Existen pocos sacerdotes gigantes, la mayoría de los cuales habitaba en el Gran Oráculo hasta su destrucción, y algunos incluso después.

Los gigantes carecen de todo tipo de organización social, exceptuando la unidad familiar básica para la crianza de los vástagos, por lo que cada individuo vive aislado del resto durante la mayor parte de su vida. Esto provoca que la inmensa mayoría no comprenda la necesidad de otras razas de convivir en sociedad, ya que ellos solo la necesitan en caso de discapacidad o enfermedad. Pese a ello, disponen de una excelente forma de comunicación consistente en hacer vibrar de un modo especial la roca para trasmitir mensajes a sus congéneres.

+Físico

La principal característica física de los gigantes es su tamaño, entre tres y cuatro metros, con una fuerza proporcional. Poseen una piel grisácea, gruesa y carente de pelo que les aísla de las inclemencias climáticas, y ojos completamente rojos.

Su carácter es extremadamente paciente y práctico y, por tanto, pacífico. Su paciencia se ve respaldada por su longevidad, de varios cientos de años, y sin embargo son capaces de actuar con la mayor determinación si una situación lo requiere.

+Psicilogía

Los magos gigantes son los más escasos, debido a que los unicornios no visitaban Nanhai y a que la mayoría de los consagrados prefiere continuar con su vida normal. Tras el ataque a la torre de Drackwen y la posterior represalia contra la torre de Kazlunn, de los cuatro magos gigantes iniciados que existían, todos en el bando de la Resistencia de Idhún, solo quedó Yber hasta la aparición de consagrados por Lunnaris.

+Hábitat


Su hábitat natural son las zonas muy montañosas y su viviendas predilectas, las cuevas y cavernas que en dichas zonas se hallan. Si bien es verdad que casi todos habitan enNanhai, no sienten una especial atracción por el frío, sino que las tierras altas y montañosas rodeadas por el Anillo de Hielo les permiten vivir aislados y sin competencia de otras razas. También existe cierta presencia gigante en la Cordillera de Nandelt, muy incrementada tras el exilio en masa provocado por la visita de Karevan.
Evitan las otras tres cordilleras idhunitas: los Picos de Fuego y la Cordillera Cambiante por sus condiciones poco habitables, y las montañas de Awinor por temor a los dragones.

+Historia y Costumbres

El aislamiento de los gigantes evita que contribuyan activamente a la historia de Idhún, por lo que esto está reservado para magos y sacerdotes, los únicos que viven habitualmente en sociedad. La excepción es Ydeon, el legendario forjador de espadas, que es visitado con relativa frecuencia debido a su merecida fama como artesano. Igualmente excepcional fue la migración a través de Nandelt de cientos de gigantes durante la aparición de Karevan, que fue malinterpretada como una invasión y estuvo a punto de provocar una contraofensiva, antes de la intervención de Shail. Así pues, si bien es cierto que apenas unos pocos individuos de esta raza aparecen en algún sitio, esta escasez se suma a su tamaño para hacerles destacar entre el resto.
Siendo un pueblo práctico y solitario, apenas manifiestan ninguna tradición, si bien una muy característica es que sus nombre propios empiezan siempre por el prefijo Y-, que significa unidad e individualidad, seguido de consonante.




Humanos (Diosa: Irial)


+ Introducción

Los humanos son la raza creada por la diosa Irial, diosa de la luz pese a que no es la raza que parezca más luminosa; incluso algunas otras razas los consideran un tanto toscos y mugrientos. Por eso se dice que, en realidad, la luz de los humanos brilla por dentro ya que Irial, al crearlos, encerró en ellos parte del resplandor de las estrellas. Quizás por esta razón los humanos miran siempre al cielo en las noches oscuras, preguntándose qué hay más allá.

+ Características físicas



No todos los humanos son iguales. Los más comunes, los que proceden de los reinos de Nandelt, presentan una gran variedad de tonos de piel y de cabello, más claro o más oscuro. Pero en cualquier caso, su piel y su cabello son de un solo color, y no de varios como sucede con otras razas. 


Eso los diferencia de los bárbaros de Shur-Ikail, cuyo rasgo físico más distintivo es, aparte de su gran corpulencia (desarrollada a lo largo de siglos de intenso ejercicio físico al aire libre), su piel adornada con listas de color pardo.

También forman un grupo aparte los limyati, la gente del margen, pueblo de humanos nómadas que habitan en los límites del desierto. Esta clase de humanos tiene la piel oscura y el cabello de dos colores: siempre blanco con mechones rojos, azules, verdes o negros. 

Esta insólita coloración del cabello no se ha visto nunca entre los humanos de Nandelt; por eso, y por su modo de vida, tan diferente del de sus primos del norte, los limyati se consideran una raza aparte, aunque sus semejanzas con la gente de Nandelt son muchas más que sus diferencias y, por tanto, siguen perteneciendo a la gran familia de los humanos y venerando a la diosa Irial (si bien Aldun, como dios del desierto, está también muy presente en sus oraciones).


+ Psicología




La principal característica de los humanos es su curiosidad. Siempre están haciéndose preguntas, explorándolo todo, y dado que cuestionan el mundo, se sienten capacitados para cambiarlo. Por ello son los primeros en aportar soluciones técnicas ante cualquier problema. Fueron los primeros en tender puentes sobre los ríos, en arar los campos para afrontar los tiempos de escasez y en construir vehículos sobre ruedas. 



Szish (Dios: El Séptimo)


+Introducción


Al ser creados bastante tiempo después que Idhún, no están ligados a una zona en particular. Disponen de un idioma propio y cuando hablan en idhunaico común sisean, provocando un acento atroz.
Los szish son soldados muy disciplinados, y en combate están más compenetrados que cualquier ejército humano. Sin embargo, debido a su característica organización de obediencia a los sheks, los szish obedecen al más cercano a ellos y al perder al shek que los guía y les da órdenes pueden llegar a ser un poco incompetentes.
+Físico
Se trata de reptiles humanoides, recubiertos de escamas y con una larga cola. Su cabeza tiene forma triangular y poseen lengua bífida. Tienen la capacidad de sentir la emisión de calor de otros seres vivos, distinguiéndose de las razas sangrecaliente y denominándose sangrefría. Son de media más inteligentes que el resto de razas, probablemente debido a su turbulenta historia.

+Psicología
Los szish rinden culto al Séptimo dios. En la cultura szish casi no existen ritos hacia esta deidad, ya que resulta misteriosa y se la conoce muy poco. Al igual que los sheks, losszish deben obediencia absoluta a las encarnaciones del Séptimo.
Hay pocos magos entre los szish, pues en el tiempo que fueron desterrados a Umadhún muy pocos fueron consagrados magos. Además, no permiten szish en la orden de magia ni conocen el idhunaico arcano, por lo que los pocos magos que existen no llegan a ser capaces de alcanzar el límite de su capacidad, pese a que su periodo de entrenamiento es considerablemente más largo.

+Historia
Fueron creados por el Séptimo, seguramente como contrapartida del resto de razas. En un principio compartían el carácter caótico y destructivo de su dios, pero ambos fueron evolucionando hasta convertirse a uno frío y calculador.
Talmannon, según lo dicho por el Custodio, sentía aprecio hacia esta raza, o, al menos, consideraba superior a los sangretibia. Después de la expulsión de los sheks, los szish estuvieron al borde de la extinción.
Tras la Conjunción Astral, constituyeron la fuerza militar terrestre de Ashran y fueron vitales para el control sobre la población sangrecaliente. Fueron diezmados tras la batalla de Awa, sobreviviendo bajo el control de Sussh y Eissesh, y en clanes como el de Sozessar. Fueron evacuados al nuevo mundo habilitado por su dios, aunque su futuro allí es incierto; es poco probable que quedaran núcleos de su raza tras ese último exilio.



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